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Aplicaciones Móviles

Un ERP no sirve de nada si el equipo no lo abre

Instalar ERPNext fue la parte fácil. Lo difícil vino después, cuando había que conseguir que las cuadrillas de campo lo usaran desde el celular, y medir si de verdad lo estaban usando.

Monograma JS de Jorge Saurinapor Jorge Saurina
Tablero de ESS Mobile dentro del ERPNext, con la adopción de la app y los check-ins por día

Un ERP bien instalado no cambia nada por sí solo. Lo comprobé en Garcia Irrigation, una empresa de riego cuyo trabajo ocurre lejos de un escritorio: cuadrillas que salen temprano, visitas a clientes, materiales que se descargan en obra y horas que alguien tiene que registrar.

El ERPNext estaba puesto y funcionando. El problema era el otro lado: nadie que trabaja en campo va a abrir un ERP en el navegador del celular para fichar su entrada. La asistencia seguía llegando por WhatsApp y en papel, y cuando tocaba cerrar la nómina había que reconstruirla a mano.

Dos piezas, no una

La solución no fue una app suelta conectada por API, sino dos piezas que se necesitan:

GIESS, una aplicación propia dentro del ERP. En lugar de exponer las tablas de Frappe tal cual, define lo que el empleado puede ver y hacer: su asistencia, su nómina, sus visitas asignadas, el material que consume, las solicitudes que envía y las aprobaciones de su jefe. Vive dentro del ERP, así que hereda sus permisos y sus reglas; no hay una segunda fuente de la verdad.

ESS Workforce, la app móvil que consume esa capa. Ionic con Vue y Capacitor, la misma base de código para iOS y Android, publicada en App Store y Google Play.

Que la lógica viva en el ERP y no en la app tiene una consecuencia práctica: cuando cambia una política de asistencia, se cambia en un sitio y el teléfono la respeta al día siguiente, sin publicar una versión nueva en las tiendas.

Los detalles que deciden si se usa

Lo que hace que una app de campo se use no son las funciones grandes, son los roces que le quitas al día:

  • Fichaje con geocerca. La app sabe si estás dentro del área de trabajo. Si fichas fuera, no te bloquea: registra la salida y manda una solicitud de ajuste para que alguien la apruebe. Bloquear a alguien que sí está trabajando es la forma más rápida de que deje de usar la herramienta.
  • Notificaciones push. Una asignación nueva llega al teléfono, no a un correo que nadie abre.
  • Biometría para entrar. Nadie teclea una contraseña con guantes.
  • Lectura de códigos y geolocalización para el material y las visitas.
  • Un muro del equipo con avisos y encuestas, porque parte de lo que se coordinaba por WhatsApp era eso, no trabajo.

Lo que aprendí: medir la adopción, no las funciones

La parte que más me sirvió no fue una función de la app, sino un tablero dentro del ERP.

Mide tres cosas: cuántos empleados tienen la app instalada, cuántos no, y el porcentaje de adopción. Debajo, los check-ins por día y la asistencia por estado.

Cuando abres eso una mañana y ves que van 18 empleados con la app de 24, sabes exactamente qué falta: no es programar más, son seis conversaciones. La adopción dejó de ser una sensación y pasó a ser un número que se revisa como cualquier otro indicador.

Es la parte que más veces he visto saltarse en proyectos de este tipo. Se mide el uptime del servidor y no se mide si el equipo abrió la aplicación. Y un ERP que nadie abre es una base de datos muy cara.